Hace unos días visité un pequeño local comercial en obras de la Calle Nuncio Viejo. Me gustó mucho el espacio, discreto en dimensiones pero amplio en las sensaciones que transmite: paredes viejas trabajadas, forjados de madera estropajeados y sacados el lustre, olor a madera vieja y pellada de yeso recién amasada… Hay un solo oficial en el curre, por lo que me cuenta deduzco que ese día hace de arquitecto-encargado-oficial y peón. Es muy amable y me atiende de forma cordial. Le enseño, más bien le cuento, mi salvoconducto para entrar, “vengo del Consorcio, es para la visita previa, para una subvención que han pedido los dueños …” rápido tengo el paso franco. Hablamos un poco de todo, de las dificultades de la obra y del sitio, de si hay humedades (muy recurrentes en esta zona) y del destino final y uso del local. Apunto en la cabeza todo, dejo aparcada la figura de técnico y saco mi otro yo, el del cotilla que fisgonea en todos los rincones a la búsqueda de algún tesoro escondido, … cada vez me gusta más Toledo. Y hoy me llevo premio. En un rincón, al fondo, veo una pared muy rara, nunca había visto nada igual. Alumbrado por una lamparilla portátil, a media luz, veo distribuidas por la pared, de arriba a abajo, multitud de pequeños carambucos redondos de barro. Están trabados unos con otros formando una retícula muy tupida. Al principio pienso que es un “invento” de alguien de la obra pero antes de que dispare ya me dice el albañil que se lo han encontrado así … que es una pared de botijos. Y yo me quedo a cuadros, no se pueden definir mejor el tipo de pared que contemplo. Ya podría yo estar horas pensando en como llamar a esta abigarrada pared que no encontraría un nombre mejor.

Este tipo de pequeños cilindros cerámicos huecos se pueden encontrar a veces en los viejos techos de madera de nuestras casas de época barroca. Aquí en el local también están así dispuestas. Entre viga y viga de madera, entre tomizas y yesos se disponían alineados estos “botijillos” redondos. La función que cumplen es la de aligerar el peso al modo de nuestras modernas bovedillas de los forjados actuales de hormigón. Lo que no me había encontrado nunca era esta solución dispuesta vertical en una pared, esto merece una foto y unas pequeñas notas para enseñarlo en nuestro blog. Según me cuenta el oficial, la pared se va a restaurar y quedará vista, la pena es que está al fondo, en una zona que no quedará a la vista del público. Desde aquí intentaremos dejar una ventana virtual permanente para su disfrute.

Un cordial saludo.

4 comentarios
  1. María López linares
    María López linares Dice:

    Muchísimas gracias por este precioso artículo sobre esta pared encontrada en nuestra tienda. Ya está restaurada y lista para ser lucida al público, esperamos que muchos años más. Es verdad que es una pena que no se vea, pero nuestra idea es integrarla en la tienda de forma que todo aquel que quiera pueda visitar esta curiosidad. Te esperamos de nuevo para que ya la veas lucir en todo su esplendor!

  2. Jose María Gutiérrez Arias
    Jose María Gutiérrez Arias Dice:

    Muchas gracias por recuperar este espacio y esa pared tan curiosa. En breve visitaremos la tienda.
    Un saludo, gracias por el comentario.
    Jose María

  3. Ángel Velasco
    Ángel Velasco Dice:

    Hola.
    Ya que los implicados están conformes, ¿podríais decir la ubicación exacta del comercio?

  4. Jose María Gutiérrez Arias
    Jose María Gutiérrez Arias Dice:

    Buenos días. El local comercial está situado en la planta baja del inmueble sito en Calle Nuncio Viejo nº 8, en Toledo.
    Un saludo

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