Durante las visitas a inmuebles que la Unidad Técnica del Consorcio realiza semanalmente recorremos las calles de esta bendita ciudad una y mil veces, sorprendiéndonos casi a diario al descubrir nuevas historias adormecidas entre ladrillos y piedras (adormecidas como este blog nuestro y vuestro que ha estado sesteando últimamente por un plazo mayor del deseable…). Pero ayer, al pasar por la travesía de Santa María la Blanca (estrecha calleja meridional junto a la sinagoga del mismo nombre), una llamativa inscripción incisa en granito en el dintel de la portada tapiada del monumento despertó el interés divulgador que caracteriza al Blog Adarve. Así que, tras un largo periodo, aquí tienen su historia:
Ya se citó en el blog esta portada en la entrada «Mil puertas tabicadas II» (https://consorciotoledo.com/blog-adarve/mil-puertas-tabicadas-2), con motivo del hecho insólito de permanecer cerrada una puerta con una portada tan bellamente proporcionada, pero pasó desapercibido en aquella ocasión el texto que preside el dintel. En letra capital reza en latín: SANCTA MARIA SVCCVRRE MISERIS.
La traducción literal sería: SANTA MARÍA, SOCORRE A LOS MISERABLES. No obstante, el adjetivo «miseris» tiene aquí un significado más parecido a «desfavorecidos» o «desamparados», por lo que optamos por una traducción literaria como: SANTA MARÍA, SOCORRE A LOS DESAMPARADOS.
Al margen de los «latinajos», lo interesante de esta frase es que pertenece a una antigua antífona (del griego antiphonon: anti- que significa opuesto y phoné- que significa voz o sonido, una antífona es una contra-voz, un contra-canto, una frase repetitiva que responde a otras en los salmos litúrgicos). Concretamente esta antífona (falsamente atribuida durante siglos a San Agustín) aparece en la sinagoga/iglesia de Santa María la Blanca como recuerdo del uso del edificio como beaterio y convento fundado por el cardenal Silíceo en 1550 para acoger a mujeres de vida licenciosa que querían dejar la calle y redimirse social y espiritualmente («arrepentidas» las llamaban entonces). El cardenal instituyó en algunas casas contiguas y en el propio templo un asilo para ellas conocido como Refugio de la Penitencia o Beaterio de Nuestra Señora de la Piedad. Funcionó con estos fines piadosos de redención hasta al menos el año 1600, hasta su cierre por falta la vocación de «arrepentimiento» de las mancebas toledanas. En este contexto, la inscripción quizá debiera traducirse entonces como: SANTA MARÍA, SOCORRE A LAS DESAMPARADAS.
En algún momento de la historia (probablemente en 1851) se cerró la puerta meridional de la iglesia, tabicándose y ofreciendo el aspecto que ha llegado hasta nuestros días.
Finalicemos la entrada con música: para terminar de subrayar el carácter multicapa, poliédrico y polímata de la ciudad de Toledo, decir que compositores del siglo XVI y XVII como Tomás Luis de Victoria, Francisco Guerrero, Cristóbal de Morales o Giovanni Pierluigi da Palestrina, popularizaron las antífonas en sus cantos polifónicos mediante motetes (composiciones de origen medieval muy populares en la música culta de Renacimiento y Barroco), siendo uno de los más famosos el que comienza por la frase de nuestra inscripción latina sobre la portada de Santa María la Blanca. Les dejamos deleitándose con una versión del motete de Tomás Luis de Victoria «Sancta Maria succurre miseris»:
BIBLIOGRAFÍA:
· Marías, Fernando. La Arquitectura del Renacimiento en Toledo (1541-1631). Tomo III. CSIC. Madrid. 1986
· Porres, Julio. Historia de las calles de Toledo. Tomo III. Bremen Ediciones. 2002
· VV.AA. Arquitecturas de Toledo. Tomo I. Servicio de Publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Toledo. 1992




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