Neri I: El fuego de la alegría

Pablo González Collado

Siempre llamó mi atención ese cuadro macilento bajo el tejaroz de acceso al oratorio de San Felipe Neri.

Cuando remonto la cuesta de la calle Nuncio Viejo, de vuelta de alguna visita, casi siempre hago un alto en la plaza de Amador de los Ríos (de los Postes, dicen mis mayores) y elevo la vista hacia él para intentar «escuchar» lo que tenga que contarme. Está detrás de un vidrio que protege y oculta la obra a partes iguales, pues la libra de la intemperie al mismo tiempo que la opaca parcialmente. Tras ella, se adivina un rostro barbado con la mirada levantada al cielo, como la mía cada vez que contemplo el cuadro.

El 21 de julio de 1515 nace en Florencia, Filippo Rómolo Neri, el que llegó a ser San Felipe Neri. De niño, le llamaban Pippo Buono, «Pipo el bueno». Fue un hombre bien parecido y muy alegre, tanto, que era conocido por su carácter afable, empático y bromista (no obstante, es patrono de humoristas y educadores).

Fue un sacerdote inquieto que cautivaba con su oración sencilla y fervorosa. Observando el creciente alejamiento de las parroquias de la juventud de su época, ideó una forma de aunar la solemnidad de las celebraciones religiosas con la diversión dentro de la vida cristiana. Formó un grupo de laicos con los que se reunía para leer la palabra de Dios y comentarla. Muchas veces con música. Este detalle pudiera pasar desapercibido por lo que quisiera incidir en él: hay que tener en cuenta que Giovanni Pierluigi da Palestrina, extraordinario compositor que alcanzó fama internacional gracias a sus talentosas piezas de canto polifónico, era oratoriano (seguidor de la congregación creada por Neri). Traten de imaginar la experiencia de los oratorianos, arrobados en su fe, bajo la dirección del entusiasta Felipe y elevados por las sublimes melodías polifónicas de Palestrina. (Se dice que el compositor falleció en brazos del propio San Felipe Neri. No parece un mal lugar para morir…)

Según la tradición cristiana, en 1544, el día de Pentecostés, se le aparece a Felipe Neri el Espíritu Santo que en forma de globo de fuego penetra en su corazón y lo enciende en llamas. Desde entonces, cuentan sus panegiristas, entraba en éxtasis durante la celebración de sus Eucaristías, realizaba milagros y sentía que le ardía el corazón en el pecho (no en vano el símbolo de los oratorianos es un corazón en llamas). Muere el 26 de mayo de 1595, en aroma de santidad, en Roma. Su autopsia reveló que algunas costillas en torno al pecho estaban rotas para dejar espacio a su enorme y palpitante corazón. Fue canonizado por el papa Gregorio XV en 1622.

Al margen de cuestiones hagiográficas, el caso es que Felipe Neri fue un hombre que inspiró a otros con su ejemplo, carisma y a través de sus buenas obras. Dio forma a la Congregación del Oratorio que fue aprobada por el papa Gregorio XIII en 1575, institución que pervive hasta nuestros días, aunque el edificio que conservamos en Toledo, ni fue fundado por él, ni jamás fue oratorio de San Felipe Neri, propiamente dicho. ¿Qué hace el cuadro de San Felipe, entonces, presidiendo la entrada al edificio? Lo trataremos en una futura entrada.

Del cuadro, a falta de un estudio profesional que lo caracterice convenientemente y de una merecida restauración que descubra más datos, podemos decir que está pintado sobre tablas, que representa a San Felipe Neri en el momento de su «Pentecostés» particular, recibiendo el hálito divino del Espíritu Santo, representado en una paloma. Su corazón aparece inundado de llamas tras abrirse el santo las vestiduras con ambas manos. Sobre el hombro derecho, porta un lirio de grandes dimensiones, seguramente simbolizando su pureza espiritual. También sabemos que fue colocado en 1778 durante los trabajos de erección de la puerta del patio por la que se ingresa al inmueble y que se pagaron al pintor (aún desconocido por nosotros) 240 reales por la obra, que suponemos aprovecharon sobremanera al anónimo artista.

Pablo González Collado. Consorcio de la Ciudad de Toledo

PARA SABER MÁS:

· Arellano, M., Gómez-Menor J.C., Leblic, V. (2011). La capilla de Sancho Sánchez de Toledo. Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Recuperado de https://realacademiatoledo.es/la-capilla-de-sancho-sanchez-de-toledo-hoy-de-san-felipe-neri-por-mario-arellano-jose-carlos-gomez-menor-ventura-leblic/ el 27 de enero de 2021.

· Brunelli, Roberto (2015). San Felipe Neri: el santo de la Alegría.  Editorial San Pablo.

· Türks, Paul (1992). El fuego de la alegría. Editorial Guadalmena.

· Crespi de Borja, Luis (1673). Vida de San Felipe Neri …, fundador de la Congregacion del Oratorio. Recuperado de https://books.google.es/books?id=jejxXdBjEWYC&printsec=frontcover&hl=es#v=onepage&q&f=false el 27 de enero 2021.

· Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de San Felipe Neri. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). Recuperado de https://www.biografiasyvidas.com/biografia/f/felipe_neri.htm el 27 de enero de 2021.

3 comentarios
  1. Antonio
    Antonio Dice:

    Recuerdo no hace muchos meses pusieron una película de su vida y obras. Me causó un gran sensación la vida de este santo, protagonizada por el actor Gigi Proietti, la verdad que su vida te llega al corazón.
    Cuántas veces habremos pasado por la plaza de Amador de los Ríos (Plaza de los Postes) y no nos hemos fijado en el cuadro que representa al santo.
    En este enlace, se describe el origen del famoso Oratorio de San Pelipe Neri https://es.wikipedia.org/wiki/Oratorio_de_San_Felipe_Neri_(Toledo).

  2. Pablo González Collado
    Pablo González Collado Dice:

    Gracias, estimado lector. Un capitel impresionante. Llama la atención lo «nazarí» de su estilo a la vez que lo «cristiano» de su heráldica. El escudo que se repite en la parte baja de la pieza pudiera ser el de Esteban Illán, caballero mozárabe, que aparece pintado en la girola de la Catedral y que fue adoptado como armas heráldicas del linaje de los Álvarez de Toledo hasta el arzobispo Gutierre Álvarez de Toledo, tal y como indica Balvina Martínez Caviró en su publicación «Mudéjar toledano». Tenemos otro bonito ejemplar de este escudo, labrado en piedra, en la portada de la casa de la calle de la Ciudad nº 17. Si dispusiera usted de más información sobre el capitel le animamos a compartirla con nosotros.

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