El Consorcio de la Ciudad de Toledo es el órgano de gestión del Real Patronato, de carácter público, con personalidad jurídica propia y plena capacidad de obrar, creado para buscar la recuperación patrimonial de la ciudad, la difusión de los valores que simboliza, así como para el desarrollo y potenciación de la actividades culturales y turísticas vinculadas a la misma.
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Domenikos Theotokopoulos, El Greco, nació en la isla de Creta (Candia), en 1541. Abandonó Creta alrededor de los veinte años.
A mediados del siglo XVI (1556) el emperador, Carlos I, abdica en su hijo Felipe II, que a pesar de iniciar obras en El Alcázar para acondicionarlo como residencia real, decide trasladar la capital a Madrid, ciudad que consideraba más apropiada por su carácter abierto y sus posibilidades de expansión. A partir de este momento Toledo intenta recuperar la capitalidad acometiendo una serie de reformas que pudieran dar la imagen de una ciudad moderna.

La nobleza inicia una intensa actividad cultural mediante el mecenazgo de obras para embellecer la ciudad, a lo que contribuye la construcción de modernos y suntuosos palacios siguiendo los modelos y pautas renacentistas.

En este ambiente, El Greco llega a Toledo en 1577, tras viajar por Italia donde adquiere su formación como artista. Su estancia en Venecia, en talleres de grandes maestros como Tiziano, Veronés y Tintoretto, entre otros, dejan una importante huella en él; asimila las lecciones de los venecianos que luego influirán considerablemente en su estilo, mostrándose en la pincelada suelta, la intensidad de la luz, los colores intensos y básicos aunque de una amplia gama, el predominio de estos sobre la línea de dibujo, etc.

En Roma se ve muy influido por Miguel Ángel y, sobre todo, por los pintores manieristas de los que aprende el excesivo alargamiento de las figuras que luego será tan característico de su estilo.


Al poco tiempo de establecerse en Toledo tiene un hijo, Jorge Manuel, fruto de su relación con Jerónima de las Cuevas, que trabajará con él en su taller y será uno de los arquitectos más importantes de la ciudad.

En 1579 termina sus dos primeros encargos en Toledo: el Retablo para Santo Domingo el Antiguo y "El Expolio" para la sacristía catedralicia.

Poco después viaja a Madrid con la intención de participar en la decoración del monasterio de El Escorial; en 1580 Felipe II le encarga un lienzo con el tema del martirio de San Mauricio. Pero el cuadro no gusta al monarca, ya que no presentaba el tema principal en primer plano como exigían los ideales contrarreformistas.

De vuelta a Toledo se enfrenta a diversos pleitos a causa de la tasación y del resultado final de "El Expolio", perdiendo desde entonces el favor de los altos cargos catedralicios.

Pero el pintor cretense ve posibilidades económicas y profesionales en Toledo, que era todavía una ciudad muy poblada y rica, gracias a sus intensas actividades industriales, sobre todo en el área textil.

Su clientela más importante se encuentra entre los eclesiásticos, que poseían un buen nivel económico, y que ven en El Greco el artista perfecto para difundir los ideales de la Contrarreforma en una ciudad como Toledo donde se respiraba un gran clima de espiritualidad.


El Greco se va introduciendo poco a poco en los círculos intelectuales de la ciudad que estaban formados por clérigos, cargos municipales, miembros de importantes familias nobles a dedicadas al comercio, que le permiten relacionarse con todos estos sectores que le proporcionan numerosos encargos.

Esto le permite abrir un taller donde el cliente encargaba el modelo del muestrario que era de su gusto y que después se reproducía.

En 1586 pinta uno de los cuadros más célebres e importantes de su carrera para la iglesia de Santo Tomé: "El entierro del conde de Orgaz".

A partir del año 1600 sus cuadros representan su etapa típicamente toledana que se caracteriza por los cielos fríos, múltiples focos de luz, ambientes irreales, figuras excesivamente alargadas, muy espirituales -como La Asunción del Museo de Santa Cruz- y de formas muy desmaterializadas, como sus obras finales que se conservan hoy en el Hospital de Tavera.

De su etapa final, poco antes de su muerte, es la representación de la ciudad en la que vivió y fue testigo de su genial talento: "Vista y plano de Toledo", que hoy se conserva en la Casa-Museo del pintor.


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